• hace 2 años
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El cantante y compositor Abel Pintos se convirtió ayer en el primer folclorista argentino en llenar el estadio de River Plate, con un show cuyo cierre se aceleró con la tormenta y que tuvo como invitados a León Gieco, a Marcela Morelo y al músico colombiano Santiago Cruz.

A pesar de la lluvia final, los 40.000 asistentes disfrutaron de más de dos horas de concierto, que sirvieron para constatar el camino de consagración conquistado por el artista y la religiosidad con la que sus seguidores viven su devoción hacia él.

Con la voz impecable y consolidadas cualidades de intérprete, el artista -referente de la música argentina a nivel internacional- interpretó un repertorio en el que los temas de su último disco, 11 -producido por el cantante español Leiva y por el productor Martín Terefe- fueron cantados como himnos a la par de sus clásicos.

Pintos no llegó a River por casualidad: ganador de tres Gardel de oro, lidera las listas de ventas y la asistencia a shows y se destaca por su proyección. En torno a su figura, nació una gran "familia", que se identifica con sus letras y que destaca su habilidad para la fusión del folclore con el pop. "Sus letras te llegan porque cuentan historias reales", "representan la simpleza, los sentimientos más profundos", "para cada momento de tu vida, él tiene una canción", opinaban ayer en el campo.

Desde distintos puntos de la provincia y del país, este ejército de "cómplices" destaca la cercanía con que Abel Pintos se relaciona con su público, su proximidad. En el show de anoche, previo a su segunda fecha en River prevista para mañana, el cantante no ejerció de estrella de rock, sino de dios.

Arrancó con tres temas de su nuevo disco, "El adivino", "Pájaro cantor" y "Cómo te extraño", y rompió en un llanto que inútilmente pudo resistir tras las gafas oscuras. A continuación, dijo: "Es un regalo maravilloso verlos aquí, sentirlos y ver resumidos 22 años en un segundo. Me hace sentir orgulloso el tipo de relación que hemos construido, a los conciertos viene gente de todas las edades y nos queremos y nos cuidamos como una familia, por eso nos llamamos familia. Hoy les iba a decir que a lo mejor en las canciones más introspectivas todos podíamos tomar nuestras ubicaciones para que todos puedan disfrutar (River tiene capacidad para 60.000 personas pero el músico decidió prescindir de la venta de 20.000 entradas para que se colocaran sillas en todo el campo) pero no tuve que decir nada porque todo está entendido hace mucho tiempo, les agradezco que abrieran su alma y que permitieran la conexión".

Vestido de rojo y plata, el artista continuó con varios temas nuevos. "Oncemil", "Tres" y "Mariposa" sirvieron para que se luciera en gestos y pasos de baile de delicada expresión.

Sus sonidos más folclóricos se hicieron presentes en temas como "Sueño dorado" y "Cactus", en los que Pintos volvió a emocionarse. "Hace muchos años, siendo un niño, soñé algo muy parecido a esta noche, de alguna manera, en algún punto, yo ya estuve aquí", dijo.

El primer invitado de la noche fue el folclorista Nahuel Pennisi, que ejerció de telonero, y luego Marcela Morelo quien se subió al escenario, en su caso, para cantar "Aventura" juntos. Bailaron de la mano, se abrazaron y se halagaron mutuamente. Luego llegó "No me olvides" y "Tiempo", canción que contó con otro invitado, Santiago Cruz.

A mitad del concierto, el bailarín Hernán Piquín y su pareja de baile irrumpieron en escena, desplegando su danza en una introducción a "El mar", tema en el que Abel Pintos apareció al otro lado del estadio, sobre una plataforma que permitió que el resto de su "familia", la que estaba más lejos del escenario, pudiese estar más cerca de su ídolo. "Fue bueno verlos de cerca", dijo, antes de pedir a los presentes que bailaran con él "Todo está en vos" y "Aquí te espero".

"Tu voz" comenzó en acústico y, por instantes, un silencio se abrió paso en el Monumental, similar al que se respira en el estadio cuando hay tensión con el balón. Comenzó a llover espuma en las primeras filas, Pintos se retiró y volvió, de negro, con sombrero y con un invitado de lujo: León Gieco, "el papá de todos", gritó. Juntos cantaron "Pensar en nada" y, por momentos, la voz de Pintos se fusionaba con la armónica de Gieco, quien vistió remera negra con el siguiente lema: "Cambiar el nombre de la calle Iberá por Luis Alberto Spinetta".

Pintos y Gieco se despidieron en un abrazo y llegó la cumbia y más folclore, junto con las primeras gotas de lluvia y los relámpagos. Los globos volaban por River agitados por el viento con la misma velocidad de la pelota sobre el campo y Pintos pronunciaba frases como "un rayo de luz" mientras el cielo se iluminaba cuando cantaba "De solo vivir", o "la lluvia y la imaginación", de "Crónica", cuando las gotas ya mojaban.

"A esta familia, que recorre tantos kilómetros, que no la pare nadie", gritaba el músico, emocionado, ante un público que se protegía del chaparrón sin dejar de bailar. Pintos, que este año protagonizó más de 80 conciertos en esta gira presentación de 11, siguió cantando varios temas más y concluyó con "A-Dios" este primer macro show en River, estadio que, dentro del panorama nacional, solo han llenado grupos como Seru Girán, Soda Stereo, La Renga o Los Piojos.

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