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Estos 120 años encuentran a La Nueva. en un momento muy particular.

   Como todos los diarios del mundo, La Nueva está atravesando la muy profunda y, por momentos, muy ardua transformación que ha impuesto el tsunami digital que comenzó como una brisa hace 20 años y que se aceleró a una velocidad impensada durante los últimos 5 a partir de los dispositivos móviles.

   Esto nos ha obligado a todos quienes hacemos periodismo profesional a repensarnos, transitando un proceso de prueba y error permanente bajo una fuerte carga de nostalgia por aquello que durante tanto tiempo pareció inmutable y eterno.

   Francamente, durante gran parte de estas dos décadas los diarios tradicionales estuvimos desorientados en la búsqueda de un lugar en la vorágine digital, que parecía arrasar con todo aquello que sabíamos; centurias de experiencia que de pronto se esfumaban bajo una realidad de clicks, noticias intrascendentes, guerra por el tráfico, tiranía de google, smartphones, etc.

Sin embargo, desde hace un tiempo, se ha alcanzado una suerte de consenso de futuro entre los medios profesionales. 

   ¿Cuál es este consenso?

   Es sencillo, aunque costó aceptarlo. 

   La transformación debe hacer pie en el mismo valor que los diarios tradicionales han sustentado desde su origen, 120 años atrás, en nuestro caso.

   ¿Como es esto?  

   Desde siempre, la función y el principal valor de los diarios fue analizar, clasificar y luego dar a conocer los hechos de la realidad: los diarios no solo mostraban lo que pasaba acá la vuelta o a miles de kilómetros, sino que hacían que todo fuera legible, comprensible. Los diarios ponían orden en el caos de lo cotidiano. 

   Hoy el consenso entre los principales responsables de los medios profesionales es que nada de lo que fue esta función primordial ha cambiado.

   Debemos seguir siendo quienes ordenan y hacen comprensible la realidad a través de contenidos de alta calidad informativa, porque ese es el valor del periodismo profesional, la diferencia específica sobre todo lo otro que circula en las páginas de internet y en las redes.

Lo que sí ha cambiado es la importancia de este trabajo. 

   Porque hoy resulta más vital que antes, como son más vitales las señales de tránsito en las ciudades atestadas de vehículos del siglo XXI que en los tranquilos pueblos de principios del siglo pasado.

  En un mundo invadido por la circulación de informaciones falsas, inútiles, irrelevantes o maliciosas, tomar decisiones es más riesgoso y, en consecuencia, nosotros, los medios profesionales, mucho más necesarios.

   Nunca el periodismo profesional fue más relevante para los ciudadanos y la República que hoy, al punto que no es exagerado decir que podríamos estar en el inicio de una enorme época dorada del periodismo de calidad. 

   Desde este convencimiento, en La Nueva. estamos comprometidos en seguir honrando la confianza que nuestros lectores depositan en nosotros, independientemente de la plataforma que utilicen para leernos, una computadora, un teléfono inteligente o el muy querido y todavía vigente “diario de papel”.

   Es que sabemos que hay una realidad ineludible. 

   No es posible la democracia o el desarrollo institucional sin periodismo profesional y es inviable que millares de noticias no chequeadas, falsas o aviesas sirvan para otra cosa más que para confundir a los ciudadanos y a los gobernantes. 

   Hoy, en medio de esta revolución digital, no hay dudas de que una sociedad sin medios profesionales es una sociedad muda y confundida por el ruido de las redes y las falsedades. 

   Desde La Nueva. creemos que esto debería ser comprendido por el conjunto de los actores públicos y privados, en momentos en que los vaivenes económicos y la crisis del modelo publicitario tradicional pone en jaque a la mayoría de los medios y periodistas profesionales que, aun así, siguen apostando a la calidad de sus contenidos, impulsados por su ineludible responsabilidad institucional.

Nota escrita por el CEO de la empresa, Fernando Monacelli

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