• hace 1 año
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Pulcro e inspirado, pero también exultante y celebratorio a la hora de los grandes éxitos, Fito Páez trazó el miércoles a la noche diversos y, por momentos, inesperados puentes entre muchas de las grandes canciones desperdigadas en su vasta discografía, durante el concierto que ofreció en el Movistar Arena, ubicado en el barrio porteño de Villa Crespo, junto a su impecable y precisa banda.

Así, el relato de sucesos pasados que caracterizan a su nueva producción “Los años salvajes” y la presencia viva de esa etapa de su vida a través de canciones creadas en esa época se entremezclaron en una especie de suspensión temporal, incluso perceptible también en la persistencia de la descarnada descripción del entorno.

En ese andar, el artista rosarino no mostró fisuras, lució en estado de gracia en muchos momentos, se entregó al éxtasis final cuando ya había contado su historia y se dispuso a ir en busca del abrazo con el público a través de los hits.

Inmejorables socios en esta empresa encontró Fito en su gran banda integrada por Diego Oliverio, en el bajo; Juan Absatz, en teclados; Gastón Baremberg, en batería; y Juani Agüero y Carlos Vandera, en guitarras, que brilló incluso muchas veces desde su simpleza.

En ese andamiaje, el rosarino se limitó en esta oportunidad a solo tocar un piano de cola dispuesto en el medio del escenario y prescindir de teclados o guitarras adicionales.