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Kiss, la icónica banda estadounidense de hard rock que decidió poner fin a casi 50 años de trayectoria con la gira "End of the Road World Tour", dará su última función en nuestro país este sábado 23 de abril, a las 21, en el Campo Argentino de Polo, del barrio porteño de Palermo, y cerrará así una larga relación con los fans locales que tuvo su explosión a finales de los `70, a partir de un sinnúmero de leyendas construidas a su alrededor que le confirió un grado de misterio y peligro en el imaginario popular.

Será la última oportunidad de ver en el país el circo más grande que dio la historia del género, con una singular banda en la que los músicos asumen alter egos de características fantásticas, explosiones, fuegos, confeti y, fundamentalmente, un poderoso, festivo y directo rock sin mayores pretensiones que divertir.

Será el punto final de una larga historia iniciada a nivel masivo en nuestro país gracias al hit de corte disco "I Was Made For Loving You" -una movida artística que a nivel global alejó al grupo de rock duro tradicional pero le permitió llegada a nuevos públicos- y a leyendas en torno al comportamiento extremo de sus integrantes, en especial, el demoníaco Gene Simmons.

Mitos, misterio y ambigüedad


Desde que asesinaban pollitos en escena a pisotones o que la larga lengua de Simmons era debido a que se había cortado el frenillo con esos fines, hasta su supuesta devoción al diablo a través de diversos rituales fueron algunos de los mitos tejidos a su alrededor y alimentados por la falta de información de la época. Incluso, se afirmaba que el nombre Kiss respondía a las siglas de Knights in Satan Service (Caballeros al servicio de satán, en castellano).

Sin embargo, todos estos rumores falsos dotaron al grupo de un nivel de peligro extremo a los ojos de los sectores conservadores, indispensable para sumar fans de estirpe rockera, a la vez que su imagen terrorífica amplificada con el estreno del bizarro filme de aventuras "Kiss contra los fantasmas" también le valió la idolatría de muchos chicos.

A tono con ese viejo y discutible adagio del mundo del espectáculo que afirma que no importa si se habla mal o bien de alguien a nivel público en la medida en que se le preste atención, Kiss jugó a la ambigüedad y, lejos de negar las imputaciones, las sumó como parte de su oferta artística.

Un fenómeno mundial


Por supuesto que lo experimentado en nuestro país en torno a la figura de Kiss no discrepó en relación a lo sucedido en el resto del mundo y la única diferencia fue cierto retraso en el arribo de las noticias.

Es que, tal como ocurrió aquí a finales de la década, Kiss comenzó a hacerse notar en la escena neoyorquina entre 1973 y 1974 a partir de su imagen y, luego, de la espectacularidad conferida a cada show en vivo.

Nacida como una banda de estadio, el cuarteto liderado por "El Demonio" Simmons y el "Chico Estrella" Paul Stanley, que completaban "El Hombre del Espacio" Ace Frehley y "El Gato" Peter Criss, apostó a mantener el misterio en torno a los músicos que se ocultaban detrás de las máscaras y a echar mano a todo aquello que le diera un tono épico a sus presentaciones.

Obviamente, con esos elementos y un rock efectivo, dinámico, excitante, directo, el grupo fue ganando popularidad hasta alcanzar una fama de niveles galácticos tras el impacto causado por su placa en vivo "Alive", de 1975.

Pero si las leyendas y la ambigüedad aportaron lo suyo, el grupo no se quedó quieto y motorizó una fenomenal maquinaria publicitaria plagada de merchandising que se expandió alrededor de todo el mundo.

Lo cierto es que detrás de todo ese gran espectáculo de color y de todas las historias que se puedan contar sobre la banda, hay un puñado de grandes discos, con pegadizos rocks y vigorosos riff de guitarras, y simples letras de tono sexista que hablan de un estado de fiesta permanente.

"Strutter", "Deuce", "God of Thunder", "Detroit Rock City", "Shout It Out Loud", "Black Diamond", "Love Gun" y, especialmente, su caballito de batalla "Rock and Roll All Nite" son algunos ejemplos de ello.